14 de Julio en la Historia

Hemeroteca Nacional hemeroteca.nacionalhn en gmail.com
Mar Jul 14 13:06:15 CST 2009


---------- Mensaje reenviado ----------
De: Hemeroteca Nacional <hemeroteca.nacionalhn en gmail.com>
Fecha: 14 de julio de 2009 12:52
Asunto: 14 de Julio en la Historia
Para: hemeroteca.nacionalhn en gmail.com


 14 de julio en la Historia:

1969*: Se declara la guerra entre Honduras y El Salvador*



14 de julio de 1848: *Nacimiento de Ramón Rosa*



****

Nació en Tegucigalpa en 1848, falleciendo en la misma ciudad en 1893. En
1948 apareció el primer tomo de sus escritos y el segundo en 1954, en la
recopilación debida a Rafael Heliodoro Valle y Juan B. Valladares e
intitulada Oro de Honduras, mientras que Marcos Carías Zapata realizó una
antología anotada bajo el título Ramón Rosa: obra escogida. Tegucigalpa,
1980. Para este autor “Ramón Rosa es el pensador más representante del
positivismo liberal en Centroamérica y, posiblemente, el escritor que mayor
influencia directa ha ejercido sobre el desarrollo político en un país del
istmo. Protagonista en el movimiento de la Reforma Liberal Centroamericana,
iniciado en Guatemala en 1871, expuso sus ideas en un momento caracterizado
por la presencia de buenos ideólogos pero además, lo llevó a la práctica
desde los importantes puestos públicos que le tocó desempeñar, en especial
desde su calidad de co – gobernante de Honduras, junto a Marco Aurelio Soto,
de 1876 a 1883.

Aceptó desde su juventud un conjunto de ideas que se dedicó a propagar e
institucionalizar. Combina en sus creencias las dos tendencias de
positivismo: Comité y su divulgador Littré para el esquema fundamental; el
utilitarismo de Mill de Bentham para las tendencias morales y prácticas… De
acuerdo con sus principios, creía que las ideas deben gobernarla sociedad,
lo cual en la práctica lo llevó a sobrevalorar el papel dirigente de las
minorías intelectuales. Tenía fe en el progreso natural del genero humano y
veía en la razón y en su alma, la ciencia, las mejores vías para terminar
con los prejuicios y las supersticiones, para fomentar el avance comercial e
industrial e inclusive, para moralizar a los pueblos. Exigía que se actuará
con lógica y su criterio de acción era el de lo útil. Estas ideas le hacían
orientarse hacia los problemas prácticos y económicos a los cuales quería
dar prioridad sobre exclusivamente políticos.

Rosa sobresalió en el género del ensayo y biografía. Ejemplos de lo primero
son: “Constitución Social en Honduras”, “Consideraciones generales sobre la
independencia de Centro América”, “Los Partidos Políticos”, Discurso de
Apertura de la Universidad Central de Honduras”, “Conciencia del Pasado”, de
lo segundo: “Don José Milla y Vidaurre”, Biografía del Padre Reyes”,
Tegucigalpa, 1965, “Biografía del Sabio José Cecilio del Valle”,
Tegucigalpa, 1965, “Historia del Benemérito General Don Francisco Morazán”,
Tegucigalpa 1971.

Rafael Heliodoro Valle afirma que “Rosa fue, sobre todo un hombre de
estudio, un orador que se valía de la tribuna y un escritorio que utilizaba
a la prensa para diseminar ideas y dar credenciales de su vocación de
pensador. Ramón Rosa fue quién penetró con más decisión en las vísceras de
la realidad hondureña, y hasta hoy no han sido superadas la dignidad de su
estilo y la limpieza meridiana de su pensamiento. Tenía fe en el progreso
constante y en el valor de las instituciones como norma de bien. Su ideario
era el de civilizador que busca en la tolerancia el aire claro.” Medardo
Mejía.

http://www.honduraseducacional.com/Ramon%20Rosa.htm

*EL HONDUREÑO RAMON ROSA*

Por Rafael Heliodoro Valle.

La historia de Honduras puede escribirse en una lágrima. País de pinos en
primavera eterna y de montañas  difíciles, por él han corrido largos ríos de
sangre en una larga noche de odio y de dolor; en él han nacido, flores
llenas de luz, algunas de las almas insignes de América: el pensador José
del Valle, ciudadano de un mundo antípoda; Francisco Morazán, hombre
telúrico que  construyó antes que muchos héroes de la  América  Española la
ciudad utópica en que todos los hombres deben nacer libres y vivir como
hermanos; José Trinidad Reyes, el sabio y educador que vivió en su Hicarnia
Nocturna. Poniendo en el pecho áspero de las fieras un corazón de miel y
Marco Aurelio Soto, el estadista que hizo la reforma liberal,  decapitando
cortacabezas y alzando sobre el filo de los machetes salvajes in trono
provisional  a la cultura.

En ese país, bajo ese cielo suave que no ha podido, entenderse aún con esa
tierra, nació una hermosa claridad: Ramón Rosa. Hace un siglo justo, un 14
de junio, advino en Tegucigalpa, Sin áureos dotes en la cuna, porque su
diamantes  hereditarios eran otros; humillado por no haber surgido como
fruto de bodas, el hombre que ha enriquecido a Honduras  con el oro de su
pensamiento, la plata de su lirismo, el hierro de su voluntad.

Entre sus  antecesores tenía cuatro Ilustres: José Simón de Zelaya, el
teólogo que construyó con su dinero el mejor templo católico de la ciudad en
que el Patrono San Miguel no ha podido aún exterminar al Diablo; Felipe
Santiago Reyes, maestro de música que puso llave de sol en el acta de
adhesión a la Independencia de 1821; el Dr. José Trinidad Reyes uno de los
pilotos espirituales que más han hecho por la redención de su pueblo y cuyo
nombre está vinculado a la fundación de la Universidad de Honduras; y otro
de los fundadores, discípulo y maestro a la vez, el Dr. Máximo Soto.

En Tegucigalpa en 1848 una de las ciudades más olvidadas por los ángeles y
por los hombres: una ciudad hundida en los Andes, con dos ríos que
inútilmente siguen dando su lección de fraternidad al juntarse bajo los
arcos del  Puente Mallol; con aires que bajaban a su regazo desde las copas
de los pinares; con lentas campanas melodiosas presidiendo las  tareas
domésticas y los chismes de los policastros que se agazapaban detrás de los
balcones para ver madurar, sin riesgo la nueva rebelión contra el régimen; y
unas palomas que ponían su nota blanca en aquellos días negros. Las gentes
se asomaban a la puerta cuando se sentía el paso de los correos expresos que
llegaban de Comayagua con noticias del complot frustrado o con las hojas
volantes en que algún general en estado de merecerla presidencia hacia a sus
queridos  conciudadanos una de esas promesas  que parten el alma o que
cambian el curso de las estaciones. Así era Tegucigalpa, remota y feliz con
su plaza y sus portales, su Calle del Comercio, ya sin la bonanza de las
minas, y con 10.000 habitantes que oían atentamente los sermones del Padre
Reyes, pagaban puntualmente diezmos y primicias; pero eran míseros
pecadores, algunos de ellos en pecado  mortal. Al otro lado del Rio Grande
vivían, como si fueran, habitantes de otro mundo, los indos de Comayagüela,
que enseñaban su complejo de inferioridad al solo  oír los apellidos  en que
temblaban recuerdos de días argentíferos: Vásquez, Zelaya, Midence, Ferrari,
Fiallos, Vijil.

En una de las casas más humildes se crió el hijo de doña Isidora Rosa y de
don Juan José Soto — ¡las damas primero!—a la sombra de su madre amorosa, y
así que pudo concurrir a la escuela de la maestra Escolástica - que enseñaba
a leer, escribir y las cuatro reglas de la aritmética, además de elementos
de urbanidad —sintió que en el alma se le abrían unas puertas azules, para
atisbar con nostalgia creciente las ciudades de otros países, y los dos
ríos  que le transportaban en canoa de sueños  hacia el mar. Siete años
tenía cuando vio, rodeado de cirios examen para siempre a su tío el Padre
Reyes, y presenció sus funerales, que durante siete días hicieron florar a
las campanas de las siete iglesias.

Su niñez y su adolescencia transcurrieron en un clima mortal, entre lamentos
de heridos que hablan dado su sangre para prolongarlo vida de los generales
que volvían del destierro o de los que caían del suelo  codiciado, sin que
ninguno de ellos hubiese hecho la felicidad de su amado pueblo.

Había nacido el mismo año  en que nació otra Constitución Política y no
cabían en los 120.000 kilómetros cuadrados de la República los  próceres:
Juan Lindo, Francisco Ferrera y Santos Guardiola. El cónsul inglés, Mr.
Chatfield, aparecía, de pronto, en la escena, adueñándose de una isla en que
habla un tigre fantasmal. De 1848 a 1867 — en que se trasladó a la capital
de Guatemala, para seguir sus estudios de jurisprudencia — la hemorragia de
Honduras fue intermitente. Alianzas de los caciques con banda presidencial y
abundante carne de cañón, intrigas menudas, engañifas, alharacas, toques de
clarín, divisas rojas o verdes en el sombrero, anarquía a tambor batiente...
Se seguía hablando de la unión centroamericana en discursos pomposos y en
pactos que, al día siguiente de firmados, se convertían en reliquias de
archivos. Aún vivían algunos de los epígonos del General Morazán, otros
habían peleado en Nicaragua contra el filibustero William Walker, y al
regresar bajo arcos triunfales e incienso de tedeums, se sentían más
presidenciales que de costumbre; y así fueron, vinieron  y volvieron Xatruch
y Guardiola, Cabañas y Juan López, Arias y Medina, medinitas y medinones.
Mientras se desangraba Honduras y se hablaba de una nueva reforma de la
Constitución y los antropófagos deglutían y el  país continuaba en
bancarrota, el odio en Centroamérica seguía su marcha triunfal, de barrio en
barrio, de ciudad en ciudad, de país en país.

Ramón Rosa vio florecer su angustiada adolescencia en aquella atmósfera de
espanto y toques de somatén; y en la memoria se le quedó indeleble el grito
de terror que, al rayar el alba o entre la noche quieta, surgía de pronto:
“Los indios” “Los indios” Eran. el «coco» de los niños y de los adultos.
pues de súbito hacían irrupción hablando castellano  de Curarén o de
Texiguat, las hordas sanguinarias.

El 28 de mayo de 1893 murió Ramón Rosa, y al saberlo no pudieron contener el
llanto las campana de Tegucigalpa. El Presidente Vásquez ordenó que en los
funerales se le rindieran honores de General de División, Para cumplir uno
de sus últimos deseos, fue sepultado bajo un enorme libro de piedra, como si
quisiera que le acompañara simbólicamente  uno de sus más fieles amigos; y
allí descansan sus huesos que tanto sufrieron en la  tierra hondureña, bajo
la paz del cielo más azul del mundo, está convertida en polvo la lengua que
derramó ambrosía en esos instantes  en que la luz arroja sus es calas hacia
Jacob dormido.

Vida fugaz la de Ramón Rosa, que se quemó en la angustia de no poder servir
a su patria como lo habría deseado, porque era dueño de las mejores
calidades para ser estadista de influencia entrañable, como lo fueron los
Constructores de América que dieron dura batalla por la inteligencia. Vivió
45 años. Fue una de esas ráfagas de luz que evidencian la aurora que cuida
su tesoro. Vivió en una espantosa noche continental, en la que rugían las
fieras humanas y las familias feudales se disputaban el poder: los hermanos
Monagas en Venezuela, los López del Paraguay o los Pérez de alguna otra
tierra americana en desventura. Los  dos partidos históricos — conservadores
y liberas — hacían los mismos juramentos y cometían idénticos desmanes. Cada
uno de ellos imponía, al día siguiente de la «revolución libertadora», su
capricho en forma de Constitución  y de leyes. Desde México hasta el
Paraguay se escuchaban  los mismos alaridos de terror; Santa Ana  en México,
Carrera en Guatemala, Melgarejo en Bolivia, Rosas en la Argentina, el
liberal Mosquera en Colombia, el conservador  García Moreno en el Ecuador; y
ninguno de los problemas capitales en vía de solución, ninguna esperanza de
organizar el estado, la anarquía en derredor. Las noticias que llegaban
sobre las revoluciones en Europa seguían alentando -a los que en América
deseaban más  que un cambio de normas políticas, el advenimiento de hombres
nuevos. La invasión francesa a México, la invasión española al Perú, las
agresiones por falta de pago de intereses de alguna deuda extranjera;
persecución de los jesuitas en Colombia, Guatemala y Ecuador; fusilamientos
a granel, periodistas vomitando chismes en vez de vitalizar ideas, caudillos
aclamados por el mismo pueblo que aplaudió la víspera al vencido; y en el
fondo de aquel caos, el odio feroz, la miseria aguda, el afán de
destrucción, las primeras aventuras del capitalismo en busca de los países
fructuosos.

En este medio histórico vivió Ramón Rosa, alma selecta que hallaba en los
libros el supremo deleite y en la meditación espinosa y callada el grato
solaz. Su vida fue un breve amanecer asomándose a un paisaje frío y gris, en
el que solo la luz de su paisaje interior modificaba pasajeramente la
tristeza despiadada en torno. Murió como había nacido: en medio de una
tempestad de llanto y sangre.

En el primer centenario del nacimiento de Ramón Rosa, los hondureños que
aman la Honduras que él amó y pensó, deben releer las mejores páginas del
patricio ilustre cuyo espíritu sigue en marcha hacia la luz y cuyos huesos
reposan en la ciudad en que se meció su cuna, a la sombra de un cielo que
deja caer su más fino azul sobre la flor que él llevó en su apellido y en su
emblema.

Revista Tegucigalpa,  año XXXI, No. 1055, 11 de julio de 1948. P. 5 –6.







“Un pueblo sin archivos, sin historia, sin tradiciones, no puede tener un
carácter que lo distinga, que lo haga representar un papel honroso en las en
las magnificas evoluciones del progreso.”

Ramón Rosa.







Saludos Cordiales

HEMEROTECA NACIONAL "RAMÓN ROSA"
http://hemerotecanacionalhn.blogspot.com/
Barrio El Centro, Avenida Juan Ramón Molina y Paseo Marco Aurelio Soto #901.
Tegucigalpa M.D.C. Honduras C.A.
Tel (504) 237 - 9035

Licda. Natalie Roque
Dirección

Dirección General del Libro y el Documento.
Secretaría de Cultura, Artes y Deportes


www.gob.hn/portal/poder_ejecutivo/secretarias/cultura_artes_y_deportes







-- 
Saludos Cordiales

HEMEROTECA NACIONAL "RAMÓN ROSA"
http://hemerotecanacionalhn.blogspot.com/
Barrio El Centro, Avenida Juan Ramón Molina y Paseo Marco Aurelio Soto #901.
Tegucigalpa M.D.C. Honduras C.A.
Tel (504) 237 - 9035

Dirección General del Libro y el Documento.
Secretaría de Cultura, Artes y Deportes

www.gob.hn/portal/poder_ejecutivo/secretarias/cultura_artes_y_deportes
------------ próxima parte ------------
Se ha borrado un adjunto en formato HTML...
URL: http://lista.rds.org.hn/pipermail/arteycultura/attachments/20090714/5ed4f8b1/attachment-0001.html 
------------ próxima parte ------------
Se ha borrado un mensaje que no está en formato texto plano...
Nombre     : no disponible
Tipo       : image/jpeg
Tamaño     : 11075 bytes
Descripción: no disponible
Url        : http://lista.rds.org.hn/pipermail/arteycultura/attachments/20090714/5ed4f8b1/attachment-0002.jpe 
------------ próxima parte ------------
Se ha borrado un mensaje que no está en formato texto plano...
Nombre     : no disponible
Tipo       : image/jpeg
Tamaño     : 166876 bytes
Descripción: no disponible
Url        : http://lista.rds.org.hn/pipermail/arteycultura/attachments/20090714/5ed4f8b1/attachment-0003.jpe 


Más información sobre la lista de distribución Arteycultura